El Centurión
| Secondary Keywords | arrodillarse centurión crucifixión cruz dolor dolor Herodes Jerusalén muerte Pascua romano soldado templo |
|---|---|
| Escrituras | John 1928 Después, Jesús, sabiendo que todo se había cumplido, para que también se cumpliera la Escritura, exclamó: –Tengo sed. 29 Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la punta de una caña una esponja empapada en el vinagre y se la acercaron a la boca. 30 Jesús probó el vinagre y dijo: –Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Luke 2326 Cuando lo llevaban para crucificarlo, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. 27 Lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. 28 Jesús se dirigió a ellas y les dijo: –Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. 29 Porque vendrán días en que se dirá: Dichosas las estériles, los vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron. 30 Entonces se pondrán a decir a las montañas: «Caigan sobre nosotras»; y a las colinas: «¡Aplástennos!». 31 Porque si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco? 32 Llevaban también con él a otros dos malhechores para ejecutarlos. 33 Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, crucificaron allí a Jesús y también a los malhechores, uno a derecha y otro a la izquierda. 34 Jesús decía: –Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Después sortearon su ropa y se la repartieron. 35 El pueblo estaba allí mirando. Las autoridades, por su parte, se burlaban de Jesús y comentaban: –A otros ha salvado, ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el elegido! 36 También los soldados se burlaban. Se acercaban a él para darle vinagre 37 y decían: –Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Habían puesto sobre su cabeza una inscripción, que decía: «Este es el rey de los judíos». 39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: –¿No eres tú el Mesías? Pues sálvate a ti mismo y a nosotros. 40 Pero el otro intervino para reprenderlo, diciendo: –¿Ni siquiera temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? 41 Lo nuestro es justo, pues estamos recibiendo lo que merecen nuestros actos, pero éste no ha hecho nada malo. 42 Y añadió: –Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey. 43 Jesús le dijo: –Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso. 44 Hacia el mediodía las tinieblas cubrieron toda la región hasta las tres de la tarde. 45 El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. 46 Entonces Jesús lanzó un grito y dijo: –Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto, expiró. 47 El oficial romano, viendo lo sucedido, alababa a Dios diciendo: –Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la gente que había acudido al espectáculo, después de ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. 49 Todos los que conocían a Jesús, y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, estaban allí presenciando todo esto desde lejos. Luke 2347 El oficial romano, viendo lo sucedido, alababa a Dios diciendo: –Verdaderamente este hombre era justo. Mark 1533 Al llegar el mediodía, toda la región quedó a oscuras hasta las tres de la tarde. 34 A esa hora Jesús gritó con fuerte voz: –Eloí, Eloí, ¿lemá sabaktaní? Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 35 Algunos de los presentes decían al oírlo: –¡Está llamando a Elías! 36 Uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola en una caña, le ofrecía de beber, diciendo: –Vamos a ver si viene Elías a descolgarlo. 37 Entonces Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró. 38 La cortina del templo se rasgó en dos de arriba abajo. 39 Y el oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver que había expirado de aquella manera, dijo: –Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. 40 Algunas mujeres contemplaban la escena desde lejos. Entre ellas María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, 41 que habían seguido a Jesús y lo habían asistido cuando estaba en Galilea. Había, además, otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. Mark 1539 Y el oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver que había expirado de aquella manera, dijo: –Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. Matthew 2754 El oficial romano, y los que estaban con él custodiando a Jesús, al sentir el terremoto y ver todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y decían: –Verdaderamente éste era Hijo de Dios. Psalm 311 (CAP. 30) Al maestro de coro. Salmo de David. 2 En ti, Señor, me refugio; no quede yo defraudado; líbrame por tu bondad, 3 hazme caso, date prisa en socorrerme. Sé para mí roca de amparo y fortaleza protectora. 4 Tú eres mi roca y mi fortaleza: guíame y condúceme por el honor de tu nombre. 5 Sácame de la red que me han tendido, pues tú eres mi auxilio. 6 A tus manos confío mi espíritu; tú, Señor, el Dios fiel, me rescatarás. 7 Tú odias a los que adoran ídolos vanos, pero yo confío en el Señor. 8 Me llenaré de júbilo y alegría por tu amor: porque has visto mi sufrimiento y conoces mi angustia; 9 no me entregaste en poder del enemigo, me dejaste caminar en libertad. 10 ¡Ten piedad de mí, Señor, que la angustia me ahoga! Se consumen de tristeza mis ojos, mi garganta y mis entrañas, 11 pues se me va la vida en sufrimientos y los años en suspiros; mi fuerza se extingue por las penas y mis huesos se debilitan. 12 Soy la burla de todos mis agresores, motivo de risa para mis vecinos, el espanto de mis conocidos; los que me ven por la calle huyen de mí; 13 olvidado de todos como un muerto, me he convertido en un objeto inútil. 14 Oigo calumnias de muchos y amenazas por todas partes; conspiran contra mí, planean quitarme la vida. 15 Pero yo confío en ti, Señor; yo te digo: «¡Tú eres mi Dios!» 16 Mi destino está en tus manos, líbrame de los enemigos que me persiguen. 17 Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, ¡sálvame, por tu amor! 18 Te he invocado, Señor, no quede yo defraudado; que queden defraudados los malvados, y se precipiten mudos al abismo. 19 Enmudezcan los labios mentirosos que dicen insolencias contra el justo con desprecio y con soberbia. 20 ¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para los que te respetan, y la ejerces en presencia de todos con los que se refugian en ti. 21 Al amparo de tu presencia, los ocultas de las intrigas de los hombres; bajo la tienda los proteges de las lenguas murmuradoras. 22 ¡Bendito sea el Señor! El me mostró su amor en el momento del peligro. 23 Yo decía consternado: «Me has echado de tu presencia». Pero tú escuchabas mi voz suplicante cuando te invocaba. 24 Amen al Señor todos sus fieles, pues el Señor protege a sus leales, pero castiga sin compasión al orgulloso. |