La crucifixión
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| Escrituras | John 191 Entonces Pilato ordenó que lo azotaran. 2 Los soldados prepararon una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. También le colocaron sobre los hombros un manto rojo. 3 Y se acercaban a él, diciendo: –¡Salve, rey de los judíos! Y le daban bofetadas. 4 Pilato salió, una vez más, y les dijo: –Miren, lo traigo de nuevo para que quede bien claro que yo no encuentro delito alguno en este hombre. 5 Salió, pues, Jesús afuera. Llevaba sobre su cabeza la corona de espinas y sobre sus hombros el manto rojo. Pilato lo presentó con estas palabras: –¡Este es el hombre! 6 Los jefes de los sacerdotes y los guardias, al verlo, comenzaron a gritar: –¡Crucifícalo, crucifícalo! Pilato les dijo: –Llévenselo ustedes y crucifíquenlo; porque yo no encuentro delito alguno en él. 7 Los judíos insistieron: –Nosotros tenemos una ley y, según ella, debe morir, porque se ha presentado a sí mismo como Hijo de Dios. 8 Al oír esto, Pilato sintió aún más miedo. 9 Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús: –¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le contestó. 10 Pilato le dijo: –¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que yo tengo autoridad tanto para dejarte en libertad como para ordenar que te crucifiquen? 11 Jesús le respondió: –No tendrías autoridad alguna sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto; por eso, el que me entregó a ti tiene más culpa que tú. 12 Desde ese momento Pilato intentaba ponerlo en libertad. Pero los judíos le gritaban: –Si pones en libertad a este hombre, no eres amigo del emperador romano. Porque cualquiera que tenga la pretensión de ser rey, es enemigo del emperador. 13 Pilato, al oír esto, mandó que sacaran fuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de «Enlosado» (que en la lengua de los judíos se llama «Gábbata»). 14 Era la víspera de la fiesta de la pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: –¡Aquí tienen a su rey! 15 Ellos comenzaron a gritar: –¡Mátalo! ¡Crucifícalo! Pilato insistió: –¿Cómo voy a crucificar a su rey? Pero los jefes de los sacerdotes contestaron: –Nuestro único rey es el emperador romano. 16 Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran. Se hicieron, pues, cargo de Jesús 17 quien, llevando a hombros su propia cruz, salió de la ciudad hacia un lugar llamado «La Calavera» (que en la lengua de los judíos se dice «Gólgota»). 18 Allí lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado de Jesús. 19 Pilato mandó escribir y poner sobre la cruz un letrero con esta inscripción: «Jesús de Nazaret, el rey de los judíos». 20 Leyeron el letrero muchos judíos, porque el lugar donde Jesús había sido crucificado estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. 21 Los jefes de los sacerdotes se presentaron a Pilato y le dijeron: –No escribas: «El rey de los judíos», sino más bien: «Este hombre ha dicho: Yo soy el rey de los judíos». 22 Pero Pilato les contestó: –Lo que he escrito, escrito queda. 23 Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de sus vestidos e hicieron con ellos cuatro partes una para cada uno. Dejaron aparte la túnica. Como era una túnica sin costuras, tejida de una sola pieza de arriba abajo, 24 los soldados llegaron a este acuerdo: –Es mejor que no la dividamos; vamos a sortearla para ver a quién le toca. Así se cumplió este texto de la Escritura: Dividieron entre ellos mis vestidos y mi túnica la echaron a suertes. Eso fue lo que hicieron los soldados. 25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás, y María Magdalena. 26 Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre: –Mujer, ahí tienes a tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: –Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya. 28 Después, Jesús, sabiendo que todo se había cumplido, para que también se cumpliera la Escritura, exclamó: –Tengo sed. 29 Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la punta de una caña una esponja empapada en el vinagre y se la acercaron a la boca. 30 Jesús probó el vinagre y dijo: –Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. 31 Como era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz aquel sábado, ya que aquel día se celebraba una fiesta muy solemne. Por eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas a los crucificados y que los bajaran de la cruz. 32 Fueron, pues, los soldados y rompieron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. 33 Cuando se acercaron a Jesús, se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron las piernas. 34 Pero uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y, en seguida, brotó del costado sangre y agua. 35 El que vio estas cosas da testimonio de ellas, y su testimonio es verdadero. El sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 36 Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice: No le quebrarán ningún hueso. 37 La Escritura dice también en otro pasaje: Mirarán al que traspasaron. 38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque lo mantenía en secreto por miedo a los judíos, pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Entonces él fue y tomó el cuerpo de Jesús. 39 Llegó también Nicodemo, el que en una ocasión había ido a hablar con Jesús durante la noche, con unos treinta kilos de una mezcla de mirra y perfume. 40 Entre los dos se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas de lino bien empapadas en la mezcla de mirra y perfume, según la costumbre judía de sepultar a los muertos. 41 Cerca del lugar donde fue crucificado Jesús había un huerto y, en el huerto, un sepulcro nuevo en el que nadie había sido enterrado. 42 Allí, pues, depositaron a Jesús dado que el sepulcro estaba cerca y era la víspera de la fiesta de pascua. John 316 Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Luke 231 Entonces se levantaron todos, llevaron a Jesús ante Pilato 2 y se pusieron a acusarlo diciendo: –Hemos encontrado a éste agitando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar impuestos al emperador y diciendo que él es el Mesías, el Rey. 3 Pilato le preguntó: –¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó: –Tú lo dices. 4 Pilato dijo a los jefes de los sacerdotes y a la gente: –No encuentro culpa alguna en este hombre. 5 Pero ellos insistían con más fuerza: –Va incitando al pueblo con su predicación por toda Judea, desde Galilea, donde empezó, hasta aquí. 6 Al oír esto, Pilato preguntó si Jesús era galileo. 7 Y al cerciorarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió, aprovechando que también Herodes estaba en Jerusalén por aquellos días. 8 Herodes se alegró mucho de ver a Jesús, pues desde hacía bastante tiempo que deseaba conocerlo, ya que había oído hablar mucho de él y esperaba presenciar algún milagro realizado por él. 9 Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió absolutamente nada. 10 Estaban también allí los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley acusándolo con insistencia. 11 Herodes, en compañía de sus soldados, lo despreció, se rió de él, le puso un vestido de color llamativo y se lo devolvió a Pilato. 12 Aquel día, Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes habían estado enemistados. 13 Pilato convocó a los jefes de los sacerdotes, a los dirigentes y al pueblo, 14 y les dijo: –Me han traído a este hombre acusándolo de alborotar al pueblo; lo he interrogado en presencia de ustedes y no lo he encontrado culpable de ninguna de las acusaciones que le hacen; 15 y tampoco Herodes, pues nos lo ha regresado aquí. Es evidente que no ha hecho nada que merezca la muerte. 16 Por tanto, después de castigarlo, lo soltaré. 18 Entonces empezaron a gritar todos a una: –¡Mata a éste y suéltanos a Barrabás! 19 El tal Barrabás estaba en la cárcel por haber tomado parte en una revuelta ocurrida en la ciudad y por un homicidio. 20 De nuevo Pilato intentó convencerlos de que debía soltar a Jesús. 21 Pero ellos gritaron: –¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! 22 Por tercera vez les dijo: –Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado nada en él que merezca la muerte. Por tanto, después de castigarlo, lo soltaré. 23 Pero ellos insistían a grandes voces, pidiendo que lo crucificara, y sus gritos se hacían cada vez más violentos. 24 Entonces Pilato decidió que se hiciera como pedían. 25 Soltó al que habían encarcelado a causa de la revuelta y el homicidio, es decir, al que habían pedido, y les entregó a Jesús para que hicieran con él lo que quisieran. 26 Cuando lo llevaban para crucificarlo, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. 27 Lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. 28 Jesús se dirigió a ellas y les dijo: –Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. 29 Porque vendrán días en que se dirá: Dichosas las estériles, los vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron. 30 Entonces se pondrán a decir a las montañas: «Caigan sobre nosotras»; y a las colinas: «¡Aplástennos!». 31 Porque si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco? 32 Llevaban también con él a otros dos malhechores para ejecutarlos. 33 Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, crucificaron allí a Jesús y también a los malhechores, uno a derecha y otro a la izquierda. 34 Jesús decía: –Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Después sortearon su ropa y se la repartieron. 35 El pueblo estaba allí mirando. Las autoridades, por su parte, se burlaban de Jesús y comentaban: –A otros ha salvado, ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el elegido! 36 También los soldados se burlaban. Se acercaban a él para darle vinagre 37 y decían: –Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Habían puesto sobre su cabeza una inscripción, que decía: «Este es el rey de los judíos». 39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: –¿No eres tú el Mesías? Pues sálvate a ti mismo y a nosotros. 40 Pero el otro intervino para reprenderlo, diciendo: –¿Ni siquiera temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? 41 Lo nuestro es justo, pues estamos recibiendo lo que merecen nuestros actos, pero éste no ha hecho nada malo. 42 Y añadió: –Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey. 43 Jesús le dijo: –Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso. 44 Hacia el mediodía las tinieblas cubrieron toda la región hasta las tres de la tarde. 45 El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. 46 Entonces Jesús lanzó un grito y dijo: –Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto, expiró. 47 El oficial romano, viendo lo sucedido, alababa a Dios diciendo: –Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la gente que había acudido al espectáculo, después de ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. 49 Todos los que conocían a Jesús, y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, estaban allí presenciando todo esto desde lejos. 50 Había un hombre llamado José, que era bueno y justo. Era miembro del Consejo de Ancianos, 51 pero no había aprobado la decisión y el proceder de los judíos. Era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el reino de Dios. 52 Este José se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. 53 Después de bajarlo, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido sepultado todavía. 54 Era el día de la preparación de la pascua y estaba comenzando el sábado. 55 Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, lo iban observando todo de cerca y se fijaron en el sepulcro y en el modo en que habían colocado el cadáver. 56 Luego regresaron y prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado descansaron, según el precepto. Mark 151 And as soon as it was morning, the chief priests held a consultation with the elders and scribes and the whole Council. And they bound Jesus and led him away and delivered him over to Pilate. 2 And Pilate asked him, “Are you the King of the Jews?” And he answered him, “You have said so.” 3 And the chief priests accused him of many things. 4 And Pilate again asked him, “Have you no answer to make? See how many charges they bring against you.” 5 But Jesus made no further answer, so that Pilate was amazed. 6 Now at the feast he used to release for them one prisoner for whom they asked. 7 And among the rebels in prison, who had committed murder in the insurrection, there was a man called Barabbas. 8 And the crowd came up and began to ask Pilate to do as he usually did for them. 9 And he answered them, saying, “Do you want me to release for you the King of the Jews?” 10 For he perceived that it was out of envy that the chief priests had delivered him up. 11 But the chief priests stirred up the crowd to have him release for them Barabbas instead. 12 And Pilate again said to them, “Then what shall I do with the man you call the King of the Jews?” 13 And they cried out again, “Crucify him.” 14 And Pilate said to them, “Why, what evil has he done?” But they shouted all the more, “Crucify him.” 15 So Pilate, wishing to satisfy the crowd, released for them Barabbas, and having scourged Jesus, he delivered him to be crucified. 16 And the soldiers led him away inside the palace (that is, the governor's headquarters), and they called together the whole battalion. 17 And they clothed him in a purple cloak, and twisting together a crown of thorns, they put it on him. 18 And they began to salute him, “Hail, King of the Jews!” 19 And they were striking his head with a reed and spitting on him and kneeling down in homage to him. 20 And when they had mocked him, they stripped him of the purple cloak and put his own clothes on him. And they led him out to crucify him. 21 And they compelled a passerby, Simon of Cyrene, who was coming in from the country, the father of Alexander and Rufus, to carry his cross. 22 And they brought him to the place called Golgotha (which means Place of a Skull). 23 And they offered him wine mixed with myrrh, but he did not take it. 24 And they crucified him and divided his garments among them, casting lots for them, to decide what each should take. 25 And it was the third hour when they crucified him. 26 And the inscription of the charge against him read, “The King of the Jews.” 27 And with him they crucified two robbers, one on his right and one on his left. 29 And those who passed by derided him, wagging their heads and saying, “Aha! You who would destroy the temple and rebuild it in three days, 30 save yourself, and come down from the cross!” 31 So also the chief priests with the scribes mocked him to one another, saying, “He saved others; he cannot save himself. 32 Let the Christ, the King of Israel, come down now from the cross that we may see and believe.” Those who were crucified with him also reviled him. 33 And when the sixth hour had come, there was darkness over the whole land until the ninth hour. 34 And at the ninth hour Jesus cried with a loud voice, “Eloi, Eloi, lema sabachthani?” which means, “My God, my God, why have you forsaken me?” 35 And some of the bystanders hearing it said, “Behold, he is calling Elijah.” 36 And someone ran and filled a sponge with sour wine, put it on a reed and gave it to him to drink, saying, “Wait, let us see whether Elijah will come to take him down.” 37 And Jesus uttered a loud cry and breathed his last. 38 And the curtain of the temple was torn in two, from top to bottom. 39 And when the centurion, who stood facing him, saw that in this way he breathed his last, he said, “Truly this man was the Son of God!” 40 There were also women looking on from a distance, among whom were Mary Magdalene, and Mary the mother of James the younger and of Joses, and Salome. 41 When he was in Galilee, they followed him and ministered to him, and there were also many other women who came up with him to Jerusalem. 42 And when evening had come, since it was the day of Preparation, that is, the day before the Sabbath, 43 Joseph of Arimathea, a respected member of the Council, who was also himself looking for the kingdom of God, took courage and went to Pilate and asked for the body of Jesus. 44 Pilate was surprised to hear that he should have already died. And summoning the centurion, he asked him whether he was already dead. 45 And when he learned from the centurion that he was dead, he granted the corpse to Joseph. 46 And Joseph bought a linen shroud, and taking him down, wrapped him in the linen shroud and laid him in a tomb that had been cut out of the rock. And he rolled a stone against the entrance of the tomb. 47 Mary Magdalene and Mary the mother of Joses saw where he was laid. Matthew 271 Cuando amaneció, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron la decisión de matar a Jesús. 2 Lo llevaron atado y lo entregaron a Pilato, el gobernador. 3 Mientras tanto, Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos 4 diciendo: –He pecado entregando a un inocente. Ellos contestaron: –¿A nosotros qué nos importa? Allá tú. 5 Entonces Judas, arrojando en el templo las monedas, se retiró, luego fue y se ahorcó. 6 Los jefes de los sacerdotes tomaron las monedas y dijeron: –No se pueden echar en el tesoro del templo, porque son precio de sangre. 7 Y después de deliberar, compraron con ellas el campo del alfarero para sepultura de los extranjeros. 8 Por eso, aquel campo se llama hasta hoy «Campo de sangre». 9 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, precio que le pusieron los hijos de Israel, 10 y compraron el campo del alfarero, según lo que me mandó el Señor. 11 Jesús compareció ante el gobernador, y éste le preguntó: –¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió: –Tú lo dices. 12 Pero no respondió nada a las acusaciones que le hacían los jefes de los sacerdotes y los ancianos. 13 Entonces Pilato le preguntó: –¿No oyes todo lo que dicen contra ti? 14 Pero él no le respondió nada, de suerte que el gobernador se quedó muy extrañado. 15 Por la fiesta, solía el gobernador conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. 16 Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. 17 Así que, viéndolos reunidos, les preguntó Pilato: –¿A quién quieren que les suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Mesías? 18 Pues se daba cuenta de que lo habían entregado por envidia. 19 Estaba aún sentado en el tribunal cuando su mujer envió este mensaje: –No te metas con ese justo, porque esta noche he tenido pesadillas horribles por su causa. 20 Los jefes de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la gente para que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 El gobernador volvió a preguntarles: –¿A quién de los dos quieren que les suelte? Respondieron ellos: –A Barrabás. 22 Pilato preguntó de nuevo: –¿Y qué hago entonces con Jesús, el llamado Mesías? Respondieron todos: –¡Crucifícalo! 23 El les dijo: –Pues, ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaron todavía más fuerte: –¡Crucifícalo! 24 Viendo Pilato que no conseguía nada, sino que la gente se amotinaba cada vez más, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: –No me hago responsable de esta muerte; allá ustedes. 25 Todo el pueblo respondió: –¡Nosotros y nuestros hijos nos hacemos responsables de esta muerte! 26 Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que fuera crucificado. 27 Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la tropa. 28 Lo desnudaron y le echaron por encima un manto de color rojo; 29 trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza y una caña en su mano derecha; luego se arrodillaban ante él y se burlaban, diciendo: –¡Salve, rey de los judíos! 30 Le escupían, le quitaban la caña y lo golpeaban con ella en la cabeza. 31 Después de burlarse de él, le quitaron el manto, lo vistieron con sus ropas, y lo llevaron para crucificarlo. 32 Cuando salían, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. 33 Al llegar al lugar llamado Gólgota, es decir, lugar de la Calavera, 34 dieron a Jesús vino mezclado con hiel para que lo bebiera, pero, después de probarlo, no quiso beberlo. 35 Los que lo crucificaron se sortearon su ropa y se la repartieron. 36 Y se sentaron allí para custodiarlo. 37 Sobre su cabeza pusieron un letrero con la causa de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos». 38 Al mismo tiempo crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. 39 Los que pasaban por allí lo insultaban haciendo muecas 40 y diciendo: –Tú, que destruías el templo y lo construías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. 41 Y de la misma manera los jefes de los sacerdotes, junto con los maestros de la ley y los ancianos, se burlaban de él diciendo: 42 –A otros salvó, y a sí mismo no puede salvarse. Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Ha puesto su confianza en Dios; que lo libre ahora, si es que lo quiere, ya que decía: «Soy Hijo de Dios». 44 Hasta los bandidos que habían sido crucificados junto con él lo insultaban. 45 Desde el mediodía, toda la región se cubrió de tinieblas hasta las tres de la tarde. 46 A esa hora Jesús gritó con fuerte voz: –Elí, Elí. ¿lemá sabaktani? Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 47 Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: –Está llamando a Elías. 48 En seguida, uno de ellos fue corriendo en busca de una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola en una caña, le ofrecía de beber. 49 Los otros decían: –Vamos a ver si viene Elías a salvarlo. 50 Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, entregó su espíritu. 51 Entonces, la cortina del templo se rasgó en dos partes de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron; 52 se abrieron los sepulcros y muchos santos que habían muerto resucitaron, 53 salieron de los sepulcros y, después de que Jesús resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. 54 El oficial romano, y los que estaban con él custodiando a Jesús, al sentir el terremoto y ver todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y decían: –Verdaderamente éste era Hijo de Dios. 55 Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para asistirlo, estaban allí y contemplaban la escena desde lejos. 56 Entre ellas, estaban María Magdalena y María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los Zebedeos. 57 Al caer la tarde, llegó un hombre rico, llamado José, originario de Arimatea, que también se había hecho discípulo de Jesús. 58 Este José se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato mandó que se lo entregaran. 59 José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo puso en un sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca. Tapó la entrada del sepulcro con una gran piedra y se fue. 61 María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro. 62 Al día siguiente, es decir, el día después de la preparación de la pascua, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato 63 y le dijeron: –Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: «A los tres días resucitaré». 64 Así que manda asegurar el sepulcro hasta el día tercero, no sea que vengan sus discípulos, roben su cuerpo y digan al pueblo que ha resucitado de entre los muertos, y este último engaño sea peor que el primero. 65 Pilato les respondió: –Ahí tienen la guardia; vayan y asegúrenlo como ustedes saben hacer. 66 Ellos fueron, aseguraron el sepulcro y sellaron la piedra dejando allí la guardia. |