3 Entonces Saúl tomó consigo tres mil hombres elegidos de entre todo Israel, y partió en busca de David y de su gente hasta las Rocas de las Gamuzas.4 Cuando llegó a los corrales de las ovejas que hay junto al camino, Saúl entró para hacer sus necesidades en una cueva que hay allí. David y sus hombres estaban en el fondo de la cueva.5 Los hombres de David le dijeron: –Mira, este es el día al que se refería el Señor, cuando te dijo: «Yo entrego a tu enemigo en tu poder; trátale como te parezca». David se levantó y cortó silenciosamente el borde del manto de Saúl.6 Después le entraron remordimientos de conciencia por haber cortado el borde del manto de Saúl.7 Y dijo a sus hombres: –Dios me libre de hacerle algún daño, porque él es el ungido del Señor.8 Con estas palabras David disuadió a sus hombres y no les permitió lanzarse contra Saúl. Saúl salió de la cueva y prosiguió su camino.9 Después David salió también de la cueva y se puso a gritar detrás de él: –¡Mi señor! ¡Majestad! Saúl miró hacia atrás, y David cayó rostro en tierra y se postró.10 Después dijo a Saúl: –¿Por qué haces caso a la gente que dice que David busca tu ruina?11 Hoy mismo puedes ver con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos en la cueva. Me incitaron a matarte, pero yo te he respetado, pues pensé: No haré daño alguno a mi señor, porque él es el ungido del Señor.12 Mira, padre mío, mira el borde de tu manto en mi mano. Puesto que he cortado el borde de tu manto y no te he matado, reconoce y comprueba que no hay en mí maldad ni rebeldía, y que no he pecado contra ti. Tú, en cambio, intentas a toda costa quitarme la vida.13 Que el Señor sea nuestro juez y que él me vengue de ti, pero yo no te tocaré.14 Como dice el viejo refrán: «De los malos sale la malicia»; pero yo no te tocaré.15 ¿Contra quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¡A un perro muerto, a una pulga!16 Que el Señor juzgue y pronuncie sentencia entre nosotros dos. El examinará, defenderá mi causa y me librará de tu poder.17 Cuando David terminó de decir estas palabras a Saúl, éste preguntó: –¿Es esa tu voz, David, hijo mío? Saúl se puso a llorar,18 y reconoció ante David: –Tú eres inocente y yo no, porque tú me has hecho el bien y yo te hecho el mal.19 Hoy has demostrado que te portas bien conmigo, pues el Señor me puso en tus manos y no me mataste.20 Cuando alguien encuentra a su enemigo, ¿lo deja continuar tranquilo su camino? Que el Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo.21 Ahora reconozco que tú serás rey y que el reino de Israel será estable en tus manos.22 Júrame, pues, por el Señor que no aniquilarás a mi descendencia y que no borrarás mi nombre de la familia de mi padre.