7 David le dijo: –No temas, porque quiero favorecerte en memoria de tu padre, Jonatán. Te devolveré las tierras de tu abuelo Saúl y comerás siempre a mi mesa.8 El se postró y dijo: –No soy digno de que te fijes en un perro muerto como yo.9 El rey llamó a Sibá, el criado de Saúl, y le dijo: –Todo lo que pertenecía a Saúl y a su familia se lo doy al hijo de tu señor.10 Tú cultivarás la tierra para él: tú, tus hijos y tus esclavos; y harás la cosecha para mantener a la familia de tu señor; pero Meribaal, hijo de tu señor, comerá siempre a mi mesa. Sibá, que tenía quince hijos y veinte esclavos,11 respondió al rey: –Tu siervo hará todo lo que el rey, mi señor, le ha mandado. Meribaal comía, pues, a la mesa del rey como uno de sus hijos;12 tenía un hijo pequeño que se llamaba Micá. Todos los que vivían en casa de Sibá estaban al servicio de Meribaal.13 Pero éste vivía en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; era lisiado de ambos pies.