7 Después de algún tiempo se secó el torrente a causa de la pertinaz sequía.8 Entonces, el Señor le ordenó:9 –Levántate y vete a vivir a Sarepta de Sidón; yo ordenaré a una viuda de allí que te alimente.10 Elías se levantó y se fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad, vio a una viuda recogiendo leña. La llamó y le dijo: –Por favor, tráeme un vaso de agua para beber.11 Cuando ella iba por el agua, Elías le gritó: –Tráeme también un poco de pan.12 Ella le dijo: –¡Vive el Señor, tu Dios, que no tengo nada de pan cocido; sólo me queda un puñado de harina en una vasija y un poco de aceite en una jarra! Precisamente estaba recogiendo un poco de leña para preparar algo para mi hijo y para mí; lo comeremos y luego moriremos.13 Elías le dijo: –No temas; ve a casa y haz lo que has dicho, pero antes hazme a mí una pequeña porción de pan y tráemela. Para ti y para tu hijo la harás después.14 Porque así dice el Señor, Dios de Israel: No faltará harina en la vasija ni aceite en la jarra hasta el día en que el Señor haga caer la lluvia sobre la tierra.15 Ella fue e hizo lo que le había dicho Elías, y tuvieron comida para él, para ella y para toda su familia durante mucho tiempo.16 No faltó harina en la vasija ni aceite en la jarra, según la palabra que el Señor pronunció por medio de Elías.
2 Kings 4
1 Una mujer, casada con uno del grupo de los profetas, vino a quejarse a Eliseo diciendo: –Tu siervo, mi marido, ha muerto. Tú sabes que era fiel al Señor. Pero ahora ha venido el hombre con quien tenemos deudas para llevarse a mis dos hijos como esclavos.2 Eliseo le preguntó: –¿Qué puedo hacer por ti? Dime, ¿tienes algo en casa? Ella respondió: –Sólo una jarra de aceite.3 Eliseo le dijo: –Anda, pide a las vecinas que te presten vasijas vacías. Y que sean muchas.4 Entra luego en tu casa con tus hijos, enciérrate por dentro y vierte el aceite en cada una de las vasijas, retirándolas según se vayan llenando.5 Ella se fue y se encerró en casa con sus hijos; éstos ponían las vasijas, y ella las llenaba.6 Cuando todas quedaron llenas, dijo a uno de sus hijos: –Trae otra. El respondió: –No hay más. Y el aceite dejó de correr.7 Ella fue a contárselo al hombre de Dios, que le dijo: –Ahora, vende el aceite, paga lo que debes y tú y tus hijos vivan de lo restante.