1 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que había hecho el Señor Dios. Fue y dijo a la mujer: –¿Así que Dios les dijo que no comieran de ninguno de los árboles del huerto?2 La mujer respondió a la serpiente: –Podemos comer el fruto de los árboles del huerto;3 sólo nos prohibió Dios, bajo amenaza de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del huerto.4 La serpiente contestó a la mujer: –¡De ningún modo morirán!5 Lo que pasa es que Dios sabe que en el momento en que coman se les abrirán los ojos y serán como Dios, conocedores del bien y del mal.6 Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno para comer, hermoso a la vista y deseable para adquirir sabiduría. Así que tomó de su fruto y comió; se lo dio también a su marido, que estaba junto a ella, y él también comió.