Este es mi Hijo Amado
| Secondary Keywords | africano americano Espíritu de Dios negro |
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| Escrituras | John 11 Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ya al principio ella estaba junto a Dios. 3 Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir. 4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres; 5 la luz resplandece en la oscuridad, y la oscuridad no pudo sofocarla. 6 Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. 7 Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él. 8 No era él la luz, sino testigo de la luz. 9 La Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a todo hombre. 10 Estaba en el mundo, pero el mundo, aunque fue hecho por ella, no la reconoció. 11 Vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron. 12 A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre, les dio capacidad para ser hijos de Dios. 13 Estos son los que no nacen por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios. 14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, proclamando: –Este es aquel de quien yo dije: «El que viene detrás de mí es superior a mí, porque existía antes que yo». 16 En efecto, de su plenitud todos nosotros hemos recibido gracia en abundancia. 17 Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos llegaron por medio de Cristo Jesús. 18 A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer. 19 Los judíos de Jerusalén enviaron una comisión de sacerdotes y levitas para preguntar a Juan quién era. 20 El confesó rotundamente: –Yo no soy el Mesías. 21 Ellos le preguntaron –Entonces, ¿Eres tú, acaso, Elías? Juan respondió: –No soy Elías. Volvieron a preguntarle: –¿Eres el profeta que esperamos? El contestó: –No. 22 De nuevo insistieron: –Pues, ¿quién eres? Tenemos que dar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo? 23 Entonces él, aplicándose las palabras del profeta Isaías, se presentó así: Yo soy la voz del que clama en el desierto: rectifiquen el camino del Señor. 24 Algunos miembros de la comisión eran fariseos. 25 Estos le preguntaron: –Si no eres ni el Mesías ni Elías ni el profeta esperado, ¿por qué razón bautizas? 26 Juan afirmó: –Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien no conocen. 27 El viene detrás de mí, aunque yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. 28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando. 29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo: –Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 A éste me refería yo cuando dije: «Detrás de mí viene uno que es superior a mí, porque existía antes que yo». 31 Yo mismo no lo conocía; pero la razón por la cual yo bautizo con agua es para que él se manifieste a Israel. 32 Juan dio testimonio diciendo: –Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él. 33 Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautizará con Espíritu Santo». 34 Y como lo he visto, doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios. 35 Al día siguiente, Juan se encontraba en aquel mismo lugar con dos de sus discípulos. 36 De pronto vio a Jesús que pasaba por allí, y dijo: –Este es el Cordero de Dios. 37 Los dos discípulos le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús. 38 Jesús dio media vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: –¿Qué buscan? Ellos contestaron: –Maestro, ¿dónde vives? 39 El les respondió: –Vengan y lo verán. Se fueron con él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él. Eran como las cuatro de la tarde. 40 Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan era Andrés, el hermano de Simón Pedro. 41 Andrés encontró en primer lugar a su propio hermano Simón y le dijo: –Hemos encontrado al Mesías (que quiere decir Cristo). 42 Y lo llevó a Jesús. Jesús, mirándolo, le dijo: –Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas, (es decir, Pedro). 43 Al día siguiente, Jesús decidió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: –Sígueme. 44 Felipe era de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro. 45 Felipe se encontró con Natanael y le dijo: –Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en el libro de la ley, y del que hablaron también los profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret. 46 Exclamó Natanael: –¿De Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: –Ven y lo verás. 47 Cuando Jesús vio a Natanael, que venía hacia él, comentó: –Este es un auténtico israelita, en quien no hay doblez alguna. 48 Natanael le preguntó: –¿Por qué me conoces? Jesús respondió: –Antes de que Felipe te llamara, te vi yo, cuando estabas debajo de la higuera. 49 Entonces Natanael exclamó: –Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. 50 Jesús prsiguió: –¿Te basta para creer el haberte dicho que te vi debajo de la higuera? ¡Verás cosas más grandes que ésa! 51 Y añadió Jesús: –Les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre. Luke 31 El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes rey de Galilea, su hermano Filipo rey de Iturea y de la región Traconítida, y Lisanias rey de Abilene, 2 en tiempos de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que grita en el desierto: preparen el camino al Señor; nivelen sus senderos; 5 todo barranco será rellenado y toda montaña o colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán y los desnivelados se rectificarán. 6 Y todos verán la salvación de Dios. 7 Decía a la gente que venía a ser bautizada por él: –Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar del juicio inminente? 8 Den frutos que prueben su conversión, y no anden diciendo: «Somos descendientes de Abrahán». Porque les digo que Dios puede sacar de estas piedras descendientes de Abrahán. 9 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto va a ser cortado y echado al fuego. 10 La gente le preguntaba: –¿Qué tenemos que hacer? 11 Y les contestaba: –El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene, y el que tenga comida compártala con el que no la tiene. 12 Vinieron también a bautizarse algunos de los que recaudaban impuestos para Roma y le dijeron: –Maestro, ¿qué tenemos que hacer? 13 El les respondió: –No exijan nada fuera de lo establecido. 14 También los soldados le preguntaban: –¿Y nosotros qué tenemos que hacer? Juan les contestó: –A nadie extorsionen ni denuncien falsamente, y conténtense con su sueldo. 15 El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. 16 Entonces Juan les dijo: –Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. El los bautizará con Espíritu Santo y fuego. 17 En su mano tiene la horquilla para separar el trigo de la paja y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con un fuego que no se apaga. 18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena noticia. 19 Pero el rey Herodes debido a sus relaciones con Herodías, la mujer de su hermano y a todos los crímenes que había cometido, era severamente censurado por Juan. 20 Así que a todas sus maldades añadió Herodes la de encerrar a Juan en la cárcel. 21 Un día cuando se bautizaba mucha gente, también Jesús se bautizó. Y mientras Jesús oraba se abrió el cielo, 22 y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: –Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco. 23 Cuando Jesús comenzó su ministerio, tenía unos treinta años y, en opinión de la gente, era hijo de José. Estos son sus ascendientes: Helí, 24 Matat, Leví, Melquí, Janay, José, 25 Matatías, Amós, Naún, Eslí, Nagay, 26 Maat, Matatías, Semeín, Josec, Yodá, 27 Joanán, Resá, Zorobabel, Salatiel, Nerí, 28 Meljí, Addí, Kosán, Elmadán, Er, 29 Jesús, Eliezer, Jorín, Matat, Leví, 30 Simeón, Judá, José, Jonán, Eliakín, 31 Meleá, Menná, Matazá, Natán, David, 32 Jesé, Obed, Booz, Salá, Naasón, 33 Aminadab, Admín, Arní, Esrón, Fares, Judá, 34 Jacob, Isaac, Abrahán, Tara, Nacor, 35 Seruc, Ragaú, Fálec, Eber, Salá, 36 Cainán, Arfaxad, Sem, Noé, Lámec, 37 Matusalén, Enoc, Járet, Maleleel, Cainán, 38 Enós, Set, Adán, y Dios. Mark 11 Comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 2 Según está escrito en el profeta Isaías: Mira, envío mi mensajero por delante de ti, el cual preparará tu camino. 3 Voz del que grita en el desierto: ¡Preparen el camino al Señor; nivelen sus senderos! 4 Apareció Juan el Bautista en el desierto, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y, después de reconocer sus pecados, Juan los bautizaba en el río Jordán. 6 Juan iba vestido con pelo de camello, llevaba una correa de cuero a su cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. 7 Esto era lo que proclamaba: –Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. 8 Yo los bautizo con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo. 9 Por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 En cuanto salió del agua vio abrirse los cielos y al Espíritu que bajaba sobre él como una paloma. 11 Se oyó entonces una voz que venía del cielo: –Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco. 12 Después de esto, el Espíritu lo impulsó hacia el desierto, 13 donde Satanás lo puso a prueba durante cuarenta días. Estaba con las fieras y los ángeles lo servían. 14 Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando la buena noticia de Dios. 15 Decía: –El plazo se ha cumplido. El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el evangelio. 16 Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes en el lago, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: –Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. 18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron. 19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes. 20 Jesús los llamó también; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con sus trabajadores, se fueron con él. 21 Fueron a Cafarnaún y, cuando llegó el sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar a la gente 22 que estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los maestros de la ley. 23 Había en la sinagoga un hombre con espíritu impuro, que se puso a gritar: 24 –¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quien eres: el Santo de Dios! 25 Jesús lo reprendió ordenándole: –¡Cállate y sal de ese hombre! 26 El espíritu impuro lo retorció violentamente y, dando un fuerte grito, salió de él. 27 Todos quedaron asombrados y se decían unos a otros: –¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus impuros y éstos lo obedecen! 28 Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea. 29 Al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. 30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús 31 y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos. 32 Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. 33 La población entera se agolpaba a la puerta. 34 El sanó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era. 35 Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí comenzó a orar. 36 Simón y sus compañeros fueron en su busca. 37 Cuando lo encontraron, le dijeron: –Todos te buscan. 38 Jesús les contestó: –Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido. 39 Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando los demonios. 40 Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: –Si quieres, puedes limpiarme. 41 Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: –Quiero, queda limpio. 42 Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. 43 Entonces lo despidió, advirtiéndole seriamente: 44 –No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les conste que has quedado sano. 45 El, sin embargo, tan pronto como se fue, comenzó a divulgar entusiasmado lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él de todas partes. Matthew 31 En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. 2 Decía: –Conviértanse, porque está llegando el reino de los cielos. 3 A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Voz del que grita en el desierto: «Preparen el camino al Señor, nivelen sus senderos». 4 Llevaba Juan un vestido de pelo de camello y una correa de cuero a su cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel del campo. 5 Acudían a él de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán; 6 ellos reconocían sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán. 7 Viendo que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: –¡Raza de víboras! ¿Quién les enseñó a escapar del juicio inminente? 8 Den frutos que prueben su conversión 9 y no piensen que basta con decir: «Somos descendientes de Abrahán». Porque les digo que Dios puede sacar de estas piedras descendientes de Abrahán. 10 Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles y todo árbol que no dé fruto va a ser cortado y echado al fuego. 11 Yo los bautizo con agua para que se conviertan, pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 Tiene en su mano la horquilla para separar el trigo de la paja; recogerá su trigo en el granero, y la paja la quemará con un fuego que no se apaga. 13 Entonces Jesús vino desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. 14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: –Soy yo quien necesito que tú me bautices, y ¿y tú vienes a mí? 15 Jesús le respondió: –Olvida eso ahora; pues conviene que cumplamos lo que Dios ha dispuesto. Entonces Juan accedió. 16 Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua y, en ese momento se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y descendía sobre él. 17 Y una voz que venía del cielo decía: –Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. |