Este es mi Hijo Amado
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| Escrituras | Luke 31 El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes rey de Galilea, su hermano Filipo rey de Iturea y de la región Traconítida, y Lisanias rey de Abilene, 2 en tiempos de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que grita en el desierto: preparen el camino al Señor; nivelen sus senderos; 5 todo barranco será rellenado y toda montaña o colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán y los desnivelados se rectificarán. 6 Y todos verán la salvación de Dios. 7 Decía a la gente que venía a ser bautizada por él: –Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar del juicio inminente? 8 Den frutos que prueben su conversión, y no anden diciendo: «Somos descendientes de Abrahán». Porque les digo que Dios puede sacar de estas piedras descendientes de Abrahán. 9 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto va a ser cortado y echado al fuego. 10 La gente le preguntaba: –¿Qué tenemos que hacer? 11 Y les contestaba: –El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene, y el que tenga comida compártala con el que no la tiene. 12 Vinieron también a bautizarse algunos de los que recaudaban impuestos para Roma y le dijeron: –Maestro, ¿qué tenemos que hacer? 13 El les respondió: –No exijan nada fuera de lo establecido. 14 También los soldados le preguntaban: –¿Y nosotros qué tenemos que hacer? Juan les contestó: –A nadie extorsionen ni denuncien falsamente, y conténtense con su sueldo. 15 El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. 16 Entonces Juan les dijo: –Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. El los bautizará con Espíritu Santo y fuego. 17 En su mano tiene la horquilla para separar el trigo de la paja y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con un fuego que no se apaga. 18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena noticia. 19 Pero el rey Herodes debido a sus relaciones con Herodías, la mujer de su hermano y a todos los crímenes que había cometido, era severamente censurado por Juan. 20 Así que a todas sus maldades añadió Herodes la de encerrar a Juan en la cárcel. 21 Un día cuando se bautizaba mucha gente, también Jesús se bautizó. Y mientras Jesús oraba se abrió el cielo, 22 y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: –Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco. 23 Cuando Jesús comenzó su ministerio, tenía unos treinta años y, en opinión de la gente, era hijo de José. Estos son sus ascendientes: Helí, 24 Matat, Leví, Melquí, Janay, José, 25 Matatías, Amós, Naún, Eslí, Nagay, 26 Maat, Matatías, Semeín, Josec, Yodá, 27 Joanán, Resá, Zorobabel, Salatiel, Nerí, 28 Meljí, Addí, Kosán, Elmadán, Er, 29 Jesús, Eliezer, Jorín, Matat, Leví, 30 Simeón, Judá, José, Jonán, Eliakín, 31 Meleá, Menná, Matazá, Natán, David, 32 Jesé, Obed, Booz, Salá, Naasón, 33 Aminadab, Admín, Arní, Esrón, Fares, Judá, 34 Jacob, Isaac, Abrahán, Tara, Nacor, 35 Seruc, Ragaú, Fálec, Eber, Salá, 36 Cainán, Arfaxad, Sem, Noé, Lámec, 37 Matusalén, Enoc, Járet, Maleleel, Cainán, 38 Enós, Set, Adán, y Dios. Mark 11 Comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 2 Según está escrito en el profeta Isaías: Mira, envío mi mensajero por delante de ti, el cual preparará tu camino. 3 Voz del que grita en el desierto: ¡Preparen el camino al Señor; nivelen sus senderos! 4 Apareció Juan el Bautista en el desierto, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y, después de reconocer sus pecados, Juan los bautizaba en el río Jordán. 6 Juan iba vestido con pelo de camello, llevaba una correa de cuero a su cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. 7 Esto era lo que proclamaba: –Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. 8 Yo los bautizo con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo. 9 Por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 En cuanto salió del agua vio abrirse los cielos y al Espíritu que bajaba sobre él como una paloma. 11 Se oyó entonces una voz que venía del cielo: –Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco. 12 Después de esto, el Espíritu lo impulsó hacia el desierto, 13 donde Satanás lo puso a prueba durante cuarenta días. Estaba con las fieras y los ángeles lo servían. 14 Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando la buena noticia de Dios. 15 Decía: –El plazo se ha cumplido. El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el evangelio. 16 Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes en el lago, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: –Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. 18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron. 19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes. 20 Jesús los llamó también; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con sus trabajadores, se fueron con él. 21 Fueron a Cafarnaún y, cuando llegó el sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar a la gente 22 que estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los maestros de la ley. 23 Había en la sinagoga un hombre con espíritu impuro, que se puso a gritar: 24 –¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quien eres: el Santo de Dios! 25 Jesús lo reprendió ordenándole: –¡Cállate y sal de ese hombre! 26 El espíritu impuro lo retorció violentamente y, dando un fuerte grito, salió de él. 27 Todos quedaron asombrados y se decían unos a otros: –¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus impuros y éstos lo obedecen! 28 Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea. 29 Al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. 30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús 31 y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos. 32 Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. 33 La población entera se agolpaba a la puerta. 34 El sanó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era. 35 Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí comenzó a orar. 36 Simón y sus compañeros fueron en su busca. 37 Cuando lo encontraron, le dijeron: –Todos te buscan. 38 Jesús les contestó: –Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido. 39 Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando los demonios. 40 Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: –Si quieres, puedes limpiarme. 41 Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: –Quiero, queda limpio. 42 Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. 43 Entonces lo despidió, advirtiéndole seriamente: 44 –No se lo digas a nadie; vete, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les conste que has quedado sano. 45 El, sin embargo, tan pronto como se fue, comenzó a divulgar entusiasmado lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él de todas partes. Matthew 31 En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. 2 Decía: –Conviértanse, porque está llegando el reino de los cielos. 3 A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Voz del que grita en el desierto: «Preparen el camino al Señor, nivelen sus senderos». 4 Llevaba Juan un vestido de pelo de camello y una correa de cuero a su cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel del campo. 5 Acudían a él de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán; 6 ellos reconocían sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán. 7 Viendo que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: –¡Raza de víboras! ¿Quién les enseñó a escapar del juicio inminente? 8 Den frutos que prueben su conversión 9 y no piensen que basta con decir: «Somos descendientes de Abrahán». Porque les digo que Dios puede sacar de estas piedras descendientes de Abrahán. 10 Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles y todo árbol que no dé fruto va a ser cortado y echado al fuego. 11 Yo los bautizo con agua para que se conviertan, pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 Tiene en su mano la horquilla para separar el trigo de la paja; recogerá su trigo en el granero, y la paja la quemará con un fuego que no se apaga. 13 Entonces Jesús vino desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. 14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: –Soy yo quien necesito que tú me bautices, y ¿y tú vienes a mí? 15 Jesús le respondió: –Olvida eso ahora; pues conviene que cumplamos lo que Dios ha dispuesto. Entonces Juan accedió. 16 Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua y, en ese momento se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y descendía sobre él. 17 Y una voz que venía del cielo decía: –Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. |