1 Hermanos míos, no quieran todos llegar a ser maestros; sepan que los maestros tendremos un juicio más severo.2 Porque todos fallamos en muchas cosas. Si alguno no cae en falta al hablar, ése es varón perfecto, capaz de controlarse a sí mismo.3 A los caballos les metemos el freno en la boca para que nos obedezcan, y poder así dirigir todo su cuerpo.