Predicando la Palabra
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| Escrituras | 1 John 21 Hijos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre un abogado, Jesucristo, el Justo. 2 El se ha entregado como víctima por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino por los del mundo entero. 3 Sabemos que conocemos a Dios, si cumplimos sus mandamientos. 4 El que dice: «Yo lo conozco», pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. 5 En cambio, el amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que cumple su palabra. Esta es la prueba de que estamos en él, 6 pues el que dice que permanece en él, tiene que vivir como vivió él. 7 Hermanos queridos, el mandamiento acerca del que les escribo no es nuevo, sino un mandamiento antiguo, que tenían desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que oyeron. 8 Sin embargo, el mandamiento acerca del que les escribo –que se realiza en él y en ustedes– es nuevo, en el sentido de que la oscuridad pasa y ya brilla la luz verdadera. 9 Quien dice que habita en la luz y odia a su hermano, todavía habita en la oscuridad. 10 Quien ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hará tropezar. 11 Sin embargo, el que odia a su hermano habita en la oscuridad, camina en la oscuridad y no sabe a dónde va, porque la oscuridad cegó sus ojos. 12 Les escribo a ustedes, hijos, porque les han sido perdonados sus pecados por el poder de su nombre. 13 Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. 14 Les escribo a ustedes, hijos, porque han conocido al Padre. Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al maligno. 15 No amen al mundo ni lo que hay en él. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no habita en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo –los apetitos desordenados, la codicia de los ojos y el afán de la riqueza humana– no viene del Padre, sino del mundo. 17 El mundo y todos sus atractivos pasan. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 18 Hijos míos, estamos en la última hora. Han oído que iba a venir un anticristo; pues bien, han surgido muchos anticristos. Esta es la prueba de que ha llegado la última hora. 19 Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Porque si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero así ha quedado claro que no todos son de los nuestros. 20 Ustedes, en cambio, tienen el Espíritu que viene de Dios y lo saben todo. 21 No les he escrito porque no conozcan la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad. 22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Mesías? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo el que niega al Hijo, se queda sin el Padre; y todo el que reconoce al Hijo, tiene también al Padre. 24 Ustedes deben permanecer fieles a lo que oyeron desde el principio. Si son fieles a lo que oyeron desde el principio, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre. 25 Y ésta es la promesa que él nos ha hecho: la vida eterna. 26 Les he escrito estas cosas para ponerlos en guardia contra los que intentan seducirlos. 27 En cuanto a ustedes, el Espíritu que recibieron de él permanece en ustedes y no tienen necesidad de que nadie les enseñe; antes bien, ese Espíritu, que es fuente de verdad y no de mentira, les enseña todas las cosas. Así pues, permanezcan en él, conforme a lo que les enseñó. 28 Sí, hijos míos, permanezcan en él, para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no nos quedemos avergonzados lejos de él el día de su gloriosa venida. 29 Si saben que él es justo, reconozcan también que todo el que cumple la voluntad de Dios ha nacido de él. Hebrews 51 Todo sumo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres y puesto al servicio de Dios en favor de los hombres, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. 2 Está en grado de ser comprensivo con los ignorantes y los extraviados, ya que él también está lleno de flaquezas, 3 y a causa de ellas debe ofrecer sacrificios por los pecados propios, a la vez que por los del pueblo. 4 Nadie puede recibir esta dignidad, sino aquel a quien Dios llama, como ocurrió en el caso de Aarón. 5 Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que se la confirió Dios, quien le dijo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 6 O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec. 7 El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente; 8 y precisamente porque era Hijo, aprendió sufriendo a obedecer. 9 Llegado a la perfección se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, 10 y ha sido proclamado por Dios sumo sacerdote a la manera de Melquisedec. 11 Sobre esto tendríamos mucho que decir, pero es difícil de explicar, porque ustedes se han hecho torpes para entender. 12 Después de tanto tiempo, ya deberían ser maestros, pero tienen todavía necesidad de que alguien les enseñe lo más elemental del mensaje divino, pues resulta que tienen más necesidad de leche que de alimento sólido. 13 Y es que todo el que aún se alimenta de leche, no tiene experiencia de la doctrina de la justicia, ya que es todavía como un niño pequeño. 14 Ahora bien, el alimento sólido es para los perfectos, los que por la costumbre han aprendido a discernir entre el bien y el mal. |