Jesús sanando a los enfermos
Jesús está de pie en la entrada de una casa de una aldea junto al mar, extendiendo sus manos hacia los enfermos y agobiados que se reúnen a su alrededor. Un hombre arrodillado alza la mano con fe, una mujer presenta a un niño, y otros se acercan desde la calle estrecha cerca de las barcas y el agua, buscando misericordia del Mesías. La escena recuerda los relatos de los Evangelios sobre las multitudes que llevaban a los enfermos a Jesús en aldeas, ciudades y mercados, donde incluso tocar el borde de su manto traía sanidad.
La obra destaca la autoridad compasiva de Cristo: él no rechaza a los débiles, los que sufren ni los desesperados. En el ministerio de Jesús, la sanidad es más que alivio de la enfermedad; es una señal del reino de Dios irrumpiendo en la vida humana cotidiana, restaurando cuerpos y revelando al Salvador que carga con las esperanzas de los afligidos.