Reconstruir el Templo
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| Escrituras | Ezra 31 El mes séptimo, instalados ya los israelitas en sus ciudades, el pueblo se reunió como un solo hombre en Jerusalén. 2 Josué, hijo de Josadac, con sus hermanos sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Sealtiel, con los suyos, reconstruyeron el altar del Dios de Israel para ofrecer en él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, el hombre de Dios. 3 Lo levantaron en el mismo sitio, a pesar del temor a los pobladores del país, y ofrecieron en él holocaustos al Señor, los holocaustos de la mañana y de la tarde. 4 Celebraron la fiesta de las tiendas, según lo prescrito, ofreciendo cada día el número de holocaustos ritualmente establecido. 5 Después de esto, siguieron ofreciendo el holocausto perpetuo, los sacrificios de las fiestas de la luna nueva, los de todas las fiestas dedicadas al Señor y los de cualquiera que presentaba al Señor una ofrenda voluntaria. 6 Comenzaron a ofrecer holocaustos al Señor desde el día primero del séptimo mes, sin haber puesto todavía los cimientos del santuario del Señor. 7 Entonces dieron dinero a los canteros y a los carpinteros, y enviaron víveres, bebidas y aceite a los sidonios y a los tirios para que enviaran por mar, desde el Líbano hasta Jafa, madera de cedro, conforme a la autorización de Ciro, rey de Persia. 8 Al año siguiente de su llegada al templo de Dios, que está en Jerusalén, en el segundo mes, Zorobabel, hijo de Sealtiel, Josué, hijo de Josadac, sus hermanos sacerdotes y levitas, y todos los que habían regresado a Jerusalén desde el destierro, comenzaron la obra. Confiaron a los levitas mayores de veinte años la dirección de quienes trabajaban en el templo de Dios. 9 Josué, sus hijos y hermanos, junto con Cadmiel y sus hijos que eran descendientes de Hodavías, acudieron como un solo hombre para ponerse al frente de los obreros que trabajaban en el templo de Dios. También Jenadad con sus hijos y hermanos levitas. 10 Tan pronto como los albañiles pusieron los cimientos del santuario del Señor, se presentaron los sacerdotes revestidos, con sus trompetas, y también los levitas descendientes de Asaf con sus címbalos, para alabar al Señor, según lo establecido por David rey de Israel. 11 Cantaron el cántico de alabanza y acción de gracias al Señor: «porque es bueno, porque su misericordia es eterna sobre Israel». Todo el pueblo alababa jubilosamente al Señor porque se habían echado los cimientos del templo del Señor. 12 Muchos de los sacerdotes, levitas y cabezas de familia, ya ancianos, que conservaban la imagen del primer templo, al ver ahora los cimientos de este otro, lloraban a lágrima viva, mientras los demás gritaban jubilosos. 13 Era imposible distinguir las manifestaciones de júbilo de las manifestaciones de llanto de la gente, porque los gritos estrepitosos del pueblo se oían a mucha distancia. |